Desde un principio fueron él y ella. Nunca hubo chispa ni hielo entre los dos, ni amor ni odio. Cada uno estaba en su mundo. Pero el tiempo pasa, ¡ay si pasa! y la gente cambia. Poco a poco, en su mundo caótico se hicieron un hueco que se convirtió en un hoyo de suma importancia en sus vidas. Era una amistad muy especial, llena de confianza pero con grandes silencios.
Un sabio amigo me dijo que cuando estás en silencio con una persona y no te sientes incómodo es alguien que no debes perder.
Y así fue, el "él y ella" afloró a un ellos, un nosotros, un vosotros.
Los silencios son importantes, sí, pero son para pensar y reflexionar. El silencio es para dialogar con tus verdaderas y silenciosas opiniones.
Pasaba el tiempo y ellos siguieron cambiando, las mentiras comenzaron a ser habituales y los sollozos semanales.
-Antes, podía ver lo que sentía yo reflejado en tus ojos, ahora no veo ni el iris y la pupila, solo un profundo vacío.
-Antes, estaba segura de que no eras uno más, sino uno mejor. Ahora me doy cuenta de que no solo no es eso, sino que para ti soy labios a los que besar.
-Nuestros caminos nunca debieron cruzarse.
-Tranquilo, hace tiempo que se descruzaron.
No se dijeron adiós. Ese gran hueco pasó a ser una molesta motita de polvo que les hacía estornudar.
Fueron épocas duras e intensas. Épocas de odio y desesperación.
-Solo quiero verla llorar.
-¿Por qué la odias tanto?
-Del amor al odio hay un paso.
-Entonces ve y ámala. Nadie os impide amaros, pero el odio es contagioso y peligroso.
Fue corriendo hacia ella con paso decidido y se plantó enfrente suyo. Ella le miró intentando adivinar sus pensamientos a través de sus ojos. Los vio. Algo concentrado y espeso se había almacenado en su interior. Los ojos de Él se llenaron de lágrimas casi desbordantes y ella le dijo:
-Hazlo.
Se besaron con fuerza, él llorando y ella apretando los puños.
Con ese beso se dijeron todo lo que sentían, todo lo que nunca dijeron con palabras.
Tan intenso fue que los que lo vieron no pensaron que era amor, ni odio. Pensaron que era algo tan intenso y fuera de su entendimiento como la razón de su existencia.
Ellos pensaron si se había acabado todo por fin, si la paz había llegado, y enseguida supieron que no.
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