lunes, 5 de septiembre de 2011

Secretos

Te voy a contar un secreto. Pero no de esos que se cuentan por ahí en cada peluquería, un secreto de verdad. Un secreto de esquinas y callejones. Que se cuece a cámara lenta con los años. Es el secreto de estas calles mugrientas y sucias, el secreto de su historia, aquel que se echará de menos cuando sea mañana. El misterio de las plazas, las fuentes, los jóvenes, los viejos, el mismo que te devuelve ese reflejo en el espejo.

Todo él empieza un día cualquiera, cuando comienzas a recordar, a pisar los suelos empedrados con las manos en los bolsillos. Buscas entre la niebla de todas tus vivencias el primer día que fuiste por ahí, y sí, lo encuentras, forrado de miedos, burlas, pasiones y desprecios.


A todo esto aparece un cuchitril llamado bar al que frecuentaste una temporada. Su puerta cochambrosa, el cartel de "temporada de jamón"  que lleva ahí tres años. La luz amarilla casi inexistente. ¿Cómo narices pudiste ir ahí cada día?


Diecisiete pasos, izquierda, segunda calle a derecha. Bar-restaurante Ana Manolita. La comida más grasienta y campestre de la ciudad. Suerte que coseguiste desengacharte de aquel mal queso de cabra.



Y, por fin, siguiendo la Avenida Reina Victoria hacia arriba, llegas a la famosa plaza. Fueses a donde fueses, a cualquier hora, acababas ahí, sentado frente a la fuente de los angelitos.
En el fondo odias esa fuente, esa plaza y esa catedral de amplias arquivoltas, pero vives en tu maldita burbuja de recuerdos, creada a base de inquietudes inconfesables y traumas.




sábado, 27 de agosto de 2011

Que cuando me vaya.


Decidí irme, sin más. Dejar atrás todo lo que tenía y debí haber tenido. Mis casa, mis cosas, mis amigos, mis hermanos, ese chico que tan buena pinta tenía. Todo. Pensé que sería difícil decirles adiós, pero llamada tras llamada me di cuenta de que no. De que ellos lo aceptarían sin rechistar, que me irían a despedir a la estación. Porque la decisión de irme es mía y solo mía.
Llegó el momento de la despedida, les vi a todos tan risueños como siempre, y por fin comprendí por qué se me hizo tan fácil irme. No eran más que un recuerdo. Que seguirían estando ahí, en mi mente, fuera a donde fuese.
Entonces llegó él.
Con las manos en sus vaqueros favoritos me miro a los ojos con esa mirada tan especial y me dijo:
-Hola..
-Ei..
-Me han dicho que te vas.
-Así es.
-¿Por qué?
-Ahí estaré mejor.
-Ese por qué no, por qué eres así. Si estamos todos aquí es por algo. ¿Crees que es porque eres nuestra colega?
-Sí.
-Tal vez para ellos, pero para mi no. ¿Acaso no me ves?
-Lo hago. Jamás me hubiese esperado que estuvieses aquí, ahora..
-Pues aquí estoy.
-Ya.
Un silencio extraño, el viento hace ondear mi pelo y su camiseta, también la favorita. Me preguntaba a que venían tantas ganas de tener suerte respecto a su vestimenta.
-Prométeme algo-dijo de repente.
-¿El qué?
-Nunca, jamás, derramarás una lágrima por ellos, ni por lo que dejes aquí, ni por mí.
-No sé si puedo prometerte eso.
-¿Por qué?
-Ya sabes como soy.
Hice rodar ruidosamente mi maleta hacia las puertas del tren, cuando me agarró de un brazo para detenerme.
-¡Espera!-esperó a que fijase su atención- Nunca te dejaré.
Me quedé pensando unos instantes..
-Eso espero. No quiero irme para siempre.
-Siempre estarás aquí con nosotros, con ellos, conmigo.
-Prométeme que no guardarás esas lágrimas tan mías y tan tuyas.
-No sé si puedo prometerte eso.
-¿Por qué?
-Porque serán reemplazadas por otras, y otras, y otras..
-Ven conmigo.
-Ahí estaré, a donde quieras que vaya. Nunca estarás sola.. te lo prometo.
-Adiós.
-Buena suerte.
-Lo mismo digo.

Siéntete estrella


Un día Pepito Juan se levantó estrella.
Puso dos de sus puntas en el suelo y se dirigió hacia la cocina.
>>¿Qué desayunan las estrellas?
>>Las estrellas no desayunan nada.
>>Pero en el espacio hay piedras.
>>No tienes piedras en casa.
>>¿De verdad que no desayunan?
>>Mira en la nevera, puede que tengas piedras.
Siguió con su diálogo mental unos minutos  y luego se metió un bote entero de virutas de colores.
Satisfecho, fue al salón y puso la televisión. No sabía que veían las estrellas así que apagó el televisor y observó concentrado el negro de la pantalla.
-El espacio está oscuro.
Se sonrió a sí mismo. Tampoco sabía el humor de las estrellas.
En su ordenador sólo encontró chistes y bromas grotescas que le ofendieron mucho.

Abrió su armario y no vio nada de estrella. No sabía cómo vestían las estrellas. Decidió salir a la calle a por ropa de estrella.

Andando por la calle un escaparate se le cruzó por delante: un conjunto radiante, con luz propia.
Ya era suyo.
Pasó el día fuera de casa y cuando volvió, no se le borraba una sonrisa triunfante de la cara: aquel día había conocido a las estrellas, se había conocido a sí mismo un poquito más.

lunes, 4 de julio de 2011

Sol

Fíjate tú, que el otro día me asomé por la ventana y me acordé de ti. Sí, de ti. Pasamos tantísimas cosas juntos, y me vinieron unas imágenes muy precisas que te sorprendería recordar.
Lo primero que vi fue tu rostro sonriente, precedido por unos hoyuelos bien marcados. Tus pequeñas pecas en las mejillas, tu pelo alborotado y sí, vi tus impresionantes ojos. Verdes, muy verdes. No hacía falta que sonrieses con toda la cara, con tus ojos me bastaba. Recuerdo que cada uno tenía una pequeña motita marrón al lado izquierdo del iris.
Después, me acordé de una vez que íbamos camino de una estación, con las maletas rodando detrás nuestro, haciéndonos alzar la voz. Estábamos hablando de qué haríamos con un millón de euros. Hablabas de viajes exóticos, piñas coladas en playas cristalinas y lujos inimaginables con vistas al mar. ¿Con un millón de euros daría para todo eso?, pensé yo. Pero en realidad haría exactamente lo mismo con ese dinero, solo que bien acompañada.
Eras como mi reflejo en el espejo, mi segundo yo, aquella gran parte de mí que perdí en alguna parte de mi vida. Eras exactamente mi reflejo en el espejo, pero siempre nos separó el cristal.
Cuando pensaba eso, recordé con amargura que pudimos ser la pareja perfecta, lo más profundo que se hubiese visto y más, y me vino a la cabeza que pusiste tierra entre nosotros. A falta de unos cuantos kilómetros, pusiste un océano entero.
Quise ser la princesa de tu sangre azul, que me pusieses un bello zapato a mi medida y nos fuésemos juntos a nunca jamás, pero me obligaste a verte como un sapo, una rata o similar. Me obligaste a no verte.

Cuando recordaba todo esto estaba mirando por la ventana caer las hojas rojizas del otoño, y el atardecer a su lado. Por eso me acordé de ti, porque fuiste mi sol de oriente, el punto culminante de mi vida y desapareciste por el Oeste. Ahora que llega la noche, ahora que tú no estás, todo está frío y oscuro, esperando a que vuelvas...

miércoles, 13 de abril de 2011

Despedida

Pasan los dias,los meses,los anos y todo sigue igual. Igual de triste y vacio. Fueron muchas tardes en silencio, muchas lagrimas derramadas escondidas entre sollozos. Lo peor no es salir perdiendo, sino simplemente el vacio. Ya no volvera. Un adios se perdio en la eternidad. Que las cosas definitivas no son faciles de asimilar. Fueron tiempos pasados, llenos de color y de sonrisas. Otros no fueron tan buenos y otros muy intensos. Que si, estaba enfadada, pero ahora me gustaria encontrarte por la calle con Bruma y Pachon y darte un abrazo, decirte que no estas sola en este mundo de gigantes donde no somos nadie. Decirte tantas cosas que nunca dije, tocar el piano como nunca y hacerte sonreir. Nunca llegare a asimilarlo, o eso creo.
Adios, Marisa.

lunes, 21 de marzo de 2011

Ellos.

Desde un principio fueron él y ella. Nunca hubo chispa ni hielo entre los dos, ni amor ni odio. Cada uno estaba en su mundo. Pero el tiempo pasa, ¡ay si pasa! y la gente cambia. Poco a poco, en su mundo caótico se hicieron un hueco que se convirtió en un hoyo de suma importancia en sus vidas. Era una amistad muy especial, llena de confianza pero con grandes silencios.
Un sabio amigo me dijo que cuando estás en silencio con una persona y no te sientes incómodo es alguien que no debes perder.
Y así fue, el "él y ella" afloró a un ellos, un nosotros, un vosotros.
Los silencios son importantes, sí, pero son para pensar y reflexionar. El silencio es para dialogar con tus verdaderas y silenciosas opiniones.
Pasaba el tiempo y ellos siguieron cambiando, las mentiras comenzaron a ser habituales y los sollozos semanales.
 -Antes, podía ver lo que sentía yo reflejado en tus ojos, ahora no veo ni el iris y la pupila, solo un profundo vacío.
 -Antes, estaba segura de que no eras uno más, sino uno mejor. Ahora me doy cuenta de que no solo no es eso, sino que para ti soy labios a los que besar.
 -Nuestros caminos nunca debieron cruzarse.
 -Tranquilo, hace tiempo que se descruzaron.
No se dijeron adiós. Ese gran hueco pasó a ser una molesta motita de polvo que les hacía estornudar.

Fueron épocas duras e intensas. Épocas de odio y desesperación.

 -Solo quiero verla llorar.
 -¿Por qué la odias tanto?
 -Del amor al odio hay un paso.
 -Entonces ve y ámala. Nadie os impide amaros, pero el odio es contagioso y peligroso.
Fue corriendo hacia ella con paso decidido y se plantó enfrente suyo. Ella le miró intentando adivinar sus pensamientos a través de sus ojos. Los vio. Algo concentrado y espeso se había almacenado en su interior. Los ojos de Él se llenaron de lágrimas casi desbordantes y ella le dijo:
 -Hazlo.
Se besaron con fuerza, él llorando y ella apretando los puños.
Con ese beso se dijeron todo lo que sentían, todo lo que nunca dijeron con palabras.
Tan intenso fue que los que lo vieron no pensaron que era amor, ni odio. Pensaron que era algo tan intenso y fuera de su entendimiento como la razón de su existencia.

Ellos pensaron si se había acabado todo por fin, si la paz había llegado, y enseguida supieron que no.

miércoles, 23 de febrero de 2011

Paradojas.

El otro día me encontré con una mujer que lloraba en medio de la calle
Le pregunté:
-¿Por qué lloras?
-Porque el mundo no me quiere, por eso lloro.
-Si el mundo no te quisiera no estarías aquí.
-No quiero estar aquí, y el mundo me sigue dejando aquí.
-¿Y dónde quieres estar?
-No quiero estar aquí.
-Pues vete de aquí.
-Es que no puedo.
-¿Por qué?
-Porque estoy llorando.

domingo, 6 de febrero de 2011

ML E V

Toqué el timbre.
-¡Hola! ¿Puedo pasar?
-Claro, sabes que aquí siempre eres bienvenida.
Atravesé el umbral, la entrada y, recordando muchas cosas, abrí la puerta del salón.
Todavía estaba ahí, cogiendo polvo. Se me inundaron los ojos en lágrimas, llenos de nostalgia y arrepentimiento.
Las personas comenten muchos errores, y a veces no se dan cuenta; pero peor es hacerlo y ser consciente de ello. Luego piensas y reflexionas, teniéndolo todo en mis manos, en mis yemas, lo desperdicié como si cosas así todo el mundo te las ofreciera.
Paseé mis dedos por la madera cobriza, recordando la de veces que lo abrí, lo contemplé y lo dejé a un lado, como si fuese un juguete.
Me senté en la banqueta, que seguía pesando una tonelada, me encaré con él y no pude hacer otra cosa más que llorar.
Lo abrí y, me di cuenta de que aquel piano de pared me había estado esperando, pacientemente. Porque para él, el  tiempo no pasa, pero para mí sí. Las teclas seguían siendo blancas y negras, algo duras al tacto, suaves y frías.
Una ola de esperanza me invadió, tal vez haya cambiado, tal vez por fin pueda reconocer las cosas y se haya reblandecido este duro e ignorante corazón. Solo habría una manera de saberlo.
Temblando y secándome las lágrimas cogí un libro sin tapa, de hojas amarillas y lo abrí por la página 21.
Recordando, toqué mal Für Elise, intentando retroceder dos años atrás.

domingo, 30 de enero de 2011

Princesas

Sin ganas de nada. Solo sientes vacio, o nada. Miras por tu ventana y ves mariposas blancas que bajan de las nubes. Intentas coger una, queda en tu mano y se va para siempre. ¿Es que nadie ha mirado desde mi ventana? No, claro que no. Porque nadie quiere vivir encerrado en un mundo de castillos y príncipes, donde en el fondo nada es real. Quiero salir de este maldito círculo que me atrapa. Echo de menos los colores de la vida, los días soleados en los que podía sonreírle a un cielo azul. Ahora, envuelta en vestidos de seda solo veo gris.

miércoles, 19 de enero de 2011

Él es tan especial.

Él es tan especial. Es perfecto en su simple armonía. Cuando camina, un aura de paz le rodea allá a donde vaya. Hay veces que me vuelve loca, que cuando quiere puede convencerme de cualquier cosa. Es un caprichoso sí, pero no puedo negarle nada con esos ojitos. En fin, que es un ángel sin alas. Por la noche me cuenta sus pensamientos profundos, a veces me planteo si de verdad le conozco; porque en su persona solo veo dulzura e inocencia, pero cuando la luz no está presente es fácil apreciar misterio, indecisión y en ciertas ocasiones una profunda soledad. 
Las noches que está muy pensativo, casi en la luna, le dejo irse a dar un paseo por la ciudad. Él dice que conoce un poco más el terreno que pisa, pero yo sé que sólo anda para conocerse a sí mismo, un terreno verdaderamente desconocido para cualquiera.

domingo, 16 de enero de 2011

jueves, 13 de enero de 2011

Aquel gato rojo

Lo vi pasar ante mis ojos, un gato rojo carmín, intenso y de pelaje brillante. No creí posible que un gato de ese color existiese, era algo tan chocante. Chocante porque él solo vivía en mis sueños...
Cada vez que soñaba un gato rojo, como el pintalabios que casi nunca uso, aparecía como por arte de magia y a su paso lo llenaba todo de luz y de misterio.
Un día, por ejemplo, yo soñaba que tendía ropa en un balcón y se me caía una camiseta. Como había viento la camiseta voló por un pueblo hasta llegar a los pies de un gato rojo intrigante. Yo, exhausta, observé el felino que   olisqueaba mi camiseta ya echada a perder y me quedé hipnotizada ante sus ojos amarillos...
No hay descripción posible para esos ojos tan increíbles, simplemente amarillos.
Cogí mi camiseta y, antes de irme a casa, intenté tocar al gato. Fue muy especial: acerqué la mano pero cuando estuve a un milímetro de tocarle se esfumó como un soplo de libertad... y desperté.

Por todo eso y más, por un día triste.


Hoy me he parado a pensar por un momento, sin dejarme llevar por la corriente del tiempo imaginando que corría lenta yendo hacia atrás, que me salía de dentro para ver lo que no vuelve más.
Allí donde se cruzan los caminos detuve mis pasos
En la encrucijada destino pensé en mi caso. Vivo el presente, tengo presente el pasado. Recordare lo que olvide y lo que no he olvidado. Por los amigos con quien lo pasaste tan bien. Que ahora se cruzan contigo y hacen como que no te ven. Por la familia a la que solo ves en ocasiones. Con ocasión de bodas bautizos y comuniones. Por el amor, por lo que pudo ser y no fue.
Por aquel momento exacto en el que perdí la fe. Por todo eso y más, por un día triste.
Y aquellas cosas que sentí y que tu también sentiste.
Quiero brindar, la copa, el vaso, la botella, chócala bebe un trago de el o de ella.
No pienses tiene que haber momentos como este. Sin tiempo ni lugar así que cueste lo que cueste.
Y es que el ayer es como arena que se escapa entre los dedos.
Lo malo no lo olvido, lo bueno me lo quedo. Lo demás lo guardas dentro de ti aunque no lo quieras para sacarlo a la luz cuando menos te lo esperas. Quien me iba a decir que iba a estar donde estoy ahora.
Lo típico, quien decide de quien te enamoras. Aun no sé si el odio muere o solo se transforma.
Ojalá que exista algo por los que rompen las normas. Por los que nunca ganan, por los que pierden siempre. Por los que nunca han debido haber salido del vientre de sus madres. Porque engañan, roban y asesinan.
Por los que están puestos a ralla por la cocaína
Por los que celebran y beben para olvidar que dejan su niñez en la maquinilla de afeitar.
Por ti, por mí, por nosotros, porque cada día es otro.
Porque no traiga penas sino alegrías
Los viejos amigos que te cruzas van con prisa. Tu vas con prisa, un saludo, un abrazo y una sonrisa.
Quedamos en llamarnos pero eso se olvida cuando surgen otras cosas, así son las cosas de la vida.
Pero un día brindaremos por el pasado decíamos que no cambiaríamos nunca pero hemos cambiado, verdad.
Para lo bueno y para lo malo. Endurecidos a base de palos.
Quiero proponerte un brindis por el tiempo que es un maestro severo.
Que te quiere a ti, no a tus cosas o a tu dinero. Lo aprendí cuando me cruce contigo por la calle porque íbamos con prisas y por los pequeños detalles.
Por la gente, que vive el presente con desgana. Por los que lo echaran de menos cuando sea mañana. Por las tardes, las noches, los jóvenes, los viejos. Por el reflejo que me devuelve el espejo.

Baúl (2)

No podía evitar pensar en él y lo que guardaba. Sus recuerdos me envolvían como un maldito zumbido de mosca. Estaba enfadada, enfoscada, molesta y a la vez triste. Me había prometido que no me volvería a afectar aquella carta y lo que significaba. Me gustaba mi vida sosa y gris, en la que el pasado, pasado era.
En el mismo instante en que abrí aquel baúl y vi esa letra cursiva e ininteligible el nombre de "Marcos" se encendió en mi mente con letras de fuego como nombre maldito.

Baúl


El otro día me puse a investigar mi cuarto. Paseé mis dedos por un armario que nunca abría y, entre objetos de los que apenas tenía un vago recuerdo lo encontré.
Encontré un baúl pequeño de madera y pequeños dibujos en las paredes.
Una sonrisa dulce y nostálgica apareció en mi rostro y lo abrí lentamente.
Abrí el baúl de mis recuerdos.