Siento no haber puesto nada en más de un año, pero sentía que no tenía nada que contar, estaba buscándole un valor a lo que pueda decir.
Espero poder servir de algo a partir de ahora, espero poder contar mil historias y que al menos una os llegue.
Hablaré de lo que sepa mínimamente y divagaré de lo que no.
Sé que mi vida no es gran cosa, pero si tengo algo que compartir, lo haré.
Un beso!
Una vida llena de Sueños
Los sueños... cada uno tiene el suyo. Cada uno es diferente, o un único se repite siempre. Yo he decidido exteriorizarlos entre palabras, textos, sentimientos.
miércoles, 20 de febrero de 2013
lunes, 5 de septiembre de 2011
Secretos
Te voy a contar un secreto. Pero no de esos que se cuentan por ahí en cada peluquería, un secreto de verdad. Un secreto de esquinas y callejones. Que se cuece a cámara lenta con los años. Es el secreto de estas calles mugrientas y sucias, el secreto de su historia, aquel que se echará de menos cuando sea mañana. El misterio de las plazas, las fuentes, los jóvenes, los viejos, el mismo que te devuelve ese reflejo en el espejo.
Todo él empieza un día cualquiera, cuando comienzas a recordar, a pisar los suelos empedrados con las manos en los bolsillos. Buscas entre la niebla de todas tus vivencias el primer día que fuiste por ahí, y sí, lo encuentras, forrado de miedos, burlas, pasiones y desprecios.
A todo esto aparece un cuchitril llamado bar al que frecuentaste una temporada. Su puerta cochambrosa, el cartel de "temporada de jamón" que lleva ahí tres años. La luz amarilla casi inexistente. ¿Cómo narices pudiste ir ahí cada día?
Diecisiete pasos, izquierda, segunda calle a derecha. Bar-restaurante Ana Manolita. La comida más grasienta y campestre de la ciudad. Suerte que coseguiste desengacharte de aquel mal queso de cabra.
Y, por fin, siguiendo la Avenida Reina Victoria hacia arriba, llegas a la famosa plaza. Fueses a donde fueses, a cualquier hora, acababas ahí, sentado frente a la fuente de los angelitos.
En el fondo odias esa fuente, esa plaza y esa catedral de amplias arquivoltas, pero vives en tu maldita burbuja de recuerdos, creada a base de inquietudesinconfesables y traumas.
Todo él empieza un día cualquiera, cuando comienzas a recordar, a pisar los suelos empedrados con las manos en los bolsillos. Buscas entre la niebla de todas tus vivencias el primer día que fuiste por ahí, y sí, lo encuentras, forrado de miedos, burlas, pasiones y desprecios.
A todo esto aparece un cuchitril llamado bar al que frecuentaste una temporada. Su puerta cochambrosa, el cartel de "temporada de jamón" que lleva ahí tres años. La luz amarilla casi inexistente. ¿Cómo narices pudiste ir ahí cada día?
Diecisiete pasos, izquierda, segunda calle a derecha. Bar-restaurante Ana Manolita. La comida más grasienta y campestre de la ciudad. Suerte que coseguiste desengacharte de aquel mal queso de cabra.
Y, por fin, siguiendo la Avenida Reina Victoria hacia arriba, llegas a la famosa plaza. Fueses a donde fueses, a cualquier hora, acababas ahí, sentado frente a la fuente de los angelitos.
En el fondo odias esa fuente, esa plaza y esa catedral de amplias arquivoltas, pero vives en tu maldita burbuja de recuerdos, creada a base de inquietudes
sábado, 27 de agosto de 2011
Que cuando me vaya.
Decidí irme, sin más. Dejar atrás todo lo que tenía y debí haber tenido. Mis casa, mis cosas, mis amigos, mis hermanos, ese chico que tan buena pinta tenía. Todo. Pensé que sería difícil decirles adiós, pero llamada tras llamada me di cuenta de que no. De que ellos lo aceptarían sin rechistar, que me irían a despedir a la estación. Porque la decisión de irme es mía y solo mía.
Llegó el momento de la despedida, les vi a todos tan risueños como siempre, y por fin comprendí por qué se me hizo tan fácil irme. No eran más que un recuerdo. Que seguirían estando ahí, en mi mente, fuera a donde fuese.
Entonces llegó él.
Con las manos en sus vaqueros favoritos me miro a los ojos con esa mirada tan especial y me dijo:
-Hola..
-Ei..
-Me han dicho que te vas.
-Así es.
-¿Por qué?
-Ahí estaré mejor.
-Ese por qué no, por qué eres así. Si estamos todos aquí es por algo. ¿Crees que es porque eres nuestra colega?
-Sí.
-Tal vez para ellos, pero para mi no. ¿Acaso no me ves?
-Lo hago. Jamás me hubiese esperado que estuvieses aquí, ahora..
-Pues aquí estoy.
-Ya.
Un silencio extraño, el viento hace ondear mi pelo y su camiseta, también la favorita. Me preguntaba a que venían tantas ganas de tener suerte respecto a su vestimenta.
-Prométeme algo-dijo de repente.
-¿El qué?
-Nunca, jamás, derramarás una lágrima por ellos, ni por lo que dejes aquí, ni por mí.
-No sé si puedo prometerte eso.
-¿Por qué?
-Ya sabes como soy.
Hice rodar ruidosamente mi maleta hacia las puertas del tren, cuando me agarró de un brazo para detenerme.
-¡Espera!-esperó a que fijase su atención- Nunca te dejaré.
Me quedé pensando unos instantes..
-Eso espero. No quiero irme para siempre.
-Siempre estarás aquí con nosotros, con ellos, conmigo.
-Prométeme que no guardarás esas lágrimas tan mías y tan tuyas.
-No sé si puedo prometerte eso.
-¿Por qué?
-Porque serán reemplazadas por otras, y otras, y otras..
-Ven conmigo.
-Ahí estaré, a donde quieras que vaya. Nunca estarás sola.. te lo prometo.
-Adiós.
-Buena suerte.
-Lo mismo digo.
Siéntete estrella
Un día Pepito Juan se levantó estrella.
Puso dos de sus puntas en el suelo y se dirigió hacia la cocina.
>>¿Qué desayunan las estrellas?
>>Las estrellas no desayunan nada.
>>Pero en el espacio hay piedras.
>>No tienes piedras en casa.
>>¿De verdad que no desayunan?
>>Mira en la nevera, puede que tengas piedras.
Siguió con su diálogo mental unos minutos y luego se metió un bote entero de virutas de colores.
Satisfecho, fue al salón y puso la televisión. No sabía que veían las estrellas así que apagó el televisor y observó concentrado el negro de la pantalla.
-El espacio está oscuro.
Se sonrió a sí mismo. Tampoco sabía el humor de las estrellas.
En su ordenador sólo encontró chistes y bromas grotescas que le ofendieron mucho.
Abrió su armario y no vio nada de estrella. No sabía cómo vestían las estrellas. Decidió salir a la calle a por ropa de estrella.
Andando por la calle un escaparate se le cruzó por delante: un conjunto radiante, con luz propia.
Ya era suyo.
Pasó el día fuera de casa y cuando volvió, no se le borraba una sonrisa triunfante de la cara: aquel día había conocido a las estrellas, se había conocido a sí mismo un poquito más.
lunes, 4 de julio de 2011
Sol
Fíjate tú, que el otro día me asomé por la ventana y me acordé de ti. Sí, de ti. Pasamos tantísimas cosas juntos, y me vinieron unas imágenes muy precisas que te sorprendería recordar.
Lo primero que vi fue tu rostro sonriente, precedido por unos hoyuelos bien marcados. Tus pequeñas pecas en las mejillas, tu pelo alborotado y sí, vi tus impresionantes ojos. Verdes, muy verdes. No hacía falta que sonrieses con toda la cara, con tus ojos me bastaba. Recuerdo que cada uno tenía una pequeña motita marrón al lado izquierdo del iris.
Después, me acordé de una vez que íbamos camino de una estación, con las maletas rodando detrás nuestro, haciéndonos alzar la voz. Estábamos hablando de qué haríamos con un millón de euros. Hablabas de viajes exóticos, piñas coladas en playas cristalinas y lujos inimaginables con vistas al mar. ¿Con un millón de euros daría para todo eso?, pensé yo. Pero en realidad haría exactamente lo mismo con ese dinero, solo que bien acompañada.
Eras como mi reflejo en el espejo, mi segundo yo, aquella gran parte de mí que perdí en alguna parte de mi vida. Eras exactamente mi reflejo en el espejo, pero siempre nos separó el cristal.
Cuando pensaba eso, recordé con amargura que pudimos ser la pareja perfecta, lo más profundo que se hubiese visto y más, y me vino a la cabeza que pusiste tierra entre nosotros. A falta de unos cuantos kilómetros, pusiste un océano entero.
Quise ser la princesa de tu sangre azul, que me pusieses un bello zapato a mi medida y nos fuésemos juntos a nunca jamás, pero me obligaste a verte como un sapo, una rata o similar. Me obligaste a no verte.
Cuando recordaba todo esto estaba mirando por la ventana caer las hojas rojizas del otoño, y el atardecer a su lado. Por eso me acordé de ti, porque fuiste mi sol de oriente, el punto culminante de mi vida y desapareciste por el Oeste. Ahora que llega la noche, ahora que tú no estás, todo está frío y oscuro, esperando a que vuelvas...
Lo primero que vi fue tu rostro sonriente, precedido por unos hoyuelos bien marcados. Tus pequeñas pecas en las mejillas, tu pelo alborotado y sí, vi tus impresionantes ojos. Verdes, muy verdes. No hacía falta que sonrieses con toda la cara, con tus ojos me bastaba. Recuerdo que cada uno tenía una pequeña motita marrón al lado izquierdo del iris.
Después, me acordé de una vez que íbamos camino de una estación, con las maletas rodando detrás nuestro, haciéndonos alzar la voz. Estábamos hablando de qué haríamos con un millón de euros. Hablabas de viajes exóticos, piñas coladas en playas cristalinas y lujos inimaginables con vistas al mar. ¿Con un millón de euros daría para todo eso?, pensé yo. Pero en realidad haría exactamente lo mismo con ese dinero, solo que bien acompañada.
Eras como mi reflejo en el espejo, mi segundo yo, aquella gran parte de mí que perdí en alguna parte de mi vida. Eras exactamente mi reflejo en el espejo, pero siempre nos separó el cristal.
Cuando pensaba eso, recordé con amargura que pudimos ser la pareja perfecta, lo más profundo que se hubiese visto y más, y me vino a la cabeza que pusiste tierra entre nosotros. A falta de unos cuantos kilómetros, pusiste un océano entero.
Quise ser la princesa de tu sangre azul, que me pusieses un bello zapato a mi medida y nos fuésemos juntos a nunca jamás, pero me obligaste a verte como un sapo, una rata o similar. Me obligaste a no verte.
Cuando recordaba todo esto estaba mirando por la ventana caer las hojas rojizas del otoño, y el atardecer a su lado. Por eso me acordé de ti, porque fuiste mi sol de oriente, el punto culminante de mi vida y desapareciste por el Oeste. Ahora que llega la noche, ahora que tú no estás, todo está frío y oscuro, esperando a que vuelvas...
miércoles, 13 de abril de 2011
Despedida
Pasan los dias,los meses,los anos y todo sigue igual. Igual de triste y vacio. Fueron muchas tardes en silencio, muchas lagrimas derramadas escondidas entre sollozos. Lo peor no es salir perdiendo, sino simplemente el vacio. Ya no volvera. Un adios se perdio en la eternidad. Que las cosas definitivas no son faciles de asimilar. Fueron tiempos pasados, llenos de color y de sonrisas. Otros no fueron tan buenos y otros muy intensos. Que si, estaba enfadada, pero ahora me gustaria encontrarte por la calle con Bruma y Pachon y darte un abrazo, decirte que no estas sola en este mundo de gigantes donde no somos nadie. Decirte tantas cosas que nunca dije, tocar el piano como nunca y hacerte sonreir. Nunca llegare a asimilarlo, o eso creo.
Adios, Marisa.
Adios, Marisa.
lunes, 21 de marzo de 2011
Ellos.
Desde un principio fueron él y ella. Nunca hubo chispa ni hielo entre los dos, ni amor ni odio. Cada uno estaba en su mundo. Pero el tiempo pasa, ¡ay si pasa! y la gente cambia. Poco a poco, en su mundo caótico se hicieron un hueco que se convirtió en un hoyo de suma importancia en sus vidas. Era una amistad muy especial, llena de confianza pero con grandes silencios.
Un sabio amigo me dijo que cuando estás en silencio con una persona y no te sientes incómodo es alguien que no debes perder.
Y así fue, el "él y ella" afloró a un ellos, un nosotros, un vosotros.
Los silencios son importantes, sí, pero son para pensar y reflexionar. El silencio es para dialogar con tus verdaderas y silenciosas opiniones.
Pasaba el tiempo y ellos siguieron cambiando, las mentiras comenzaron a ser habituales y los sollozos semanales.
-Antes, podía ver lo que sentía yo reflejado en tus ojos, ahora no veo ni el iris y la pupila, solo un profundo vacío.
-Antes, estaba segura de que no eras uno más, sino uno mejor. Ahora me doy cuenta de que no solo no es eso, sino que para ti soy labios a los que besar.
-Nuestros caminos nunca debieron cruzarse.
-Tranquilo, hace tiempo que se descruzaron.
No se dijeron adiós. Ese gran hueco pasó a ser una molesta motita de polvo que les hacía estornudar.
Fueron épocas duras e intensas. Épocas de odio y desesperación.
-Solo quiero verla llorar.
-¿Por qué la odias tanto?
-Del amor al odio hay un paso.
-Entonces ve y ámala. Nadie os impide amaros, pero el odio es contagioso y peligroso.
Fue corriendo hacia ella con paso decidido y se plantó enfrente suyo. Ella le miró intentando adivinar sus pensamientos a través de sus ojos. Los vio. Algo concentrado y espeso se había almacenado en su interior. Los ojos de Él se llenaron de lágrimas casi desbordantes y ella le dijo:
-Hazlo.
Se besaron con fuerza, él llorando y ella apretando los puños.
Con ese beso se dijeron todo lo que sentían, todo lo que nunca dijeron con palabras.
Tan intenso fue que los que lo vieron no pensaron que era amor, ni odio. Pensaron que era algo tan intenso y fuera de su entendimiento como la razón de su existencia.
Ellos pensaron si se había acabado todo por fin, si la paz había llegado, y enseguida supieron que no.
Un sabio amigo me dijo que cuando estás en silencio con una persona y no te sientes incómodo es alguien que no debes perder.
Y así fue, el "él y ella" afloró a un ellos, un nosotros, un vosotros.
Los silencios son importantes, sí, pero son para pensar y reflexionar. El silencio es para dialogar con tus verdaderas y silenciosas opiniones.
Pasaba el tiempo y ellos siguieron cambiando, las mentiras comenzaron a ser habituales y los sollozos semanales.
-Antes, podía ver lo que sentía yo reflejado en tus ojos, ahora no veo ni el iris y la pupila, solo un profundo vacío.
-Antes, estaba segura de que no eras uno más, sino uno mejor. Ahora me doy cuenta de que no solo no es eso, sino que para ti soy labios a los que besar.
-Nuestros caminos nunca debieron cruzarse.
-Tranquilo, hace tiempo que se descruzaron.
No se dijeron adiós. Ese gran hueco pasó a ser una molesta motita de polvo que les hacía estornudar.
Fueron épocas duras e intensas. Épocas de odio y desesperación.
-Solo quiero verla llorar.
-¿Por qué la odias tanto?
-Del amor al odio hay un paso.
-Entonces ve y ámala. Nadie os impide amaros, pero el odio es contagioso y peligroso.
Fue corriendo hacia ella con paso decidido y se plantó enfrente suyo. Ella le miró intentando adivinar sus pensamientos a través de sus ojos. Los vio. Algo concentrado y espeso se había almacenado en su interior. Los ojos de Él se llenaron de lágrimas casi desbordantes y ella le dijo:
-Hazlo.
Se besaron con fuerza, él llorando y ella apretando los puños.
Con ese beso se dijeron todo lo que sentían, todo lo que nunca dijeron con palabras.
Tan intenso fue que los que lo vieron no pensaron que era amor, ni odio. Pensaron que era algo tan intenso y fuera de su entendimiento como la razón de su existencia.
Ellos pensaron si se había acabado todo por fin, si la paz había llegado, y enseguida supieron que no.
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