No podía evitar pensar en él y lo que guardaba. Sus recuerdos me envolvían como un maldito zumbido de mosca. Estaba enfadada, enfoscada, molesta y a la vez triste. Me había prometido que no me volvería a afectar aquella carta y lo que significaba. Me gustaba mi vida sosa y gris, en la que el pasado, pasado era.
En el mismo instante en que abrí aquel baúl y vi esa letra cursiva e ininteligible el nombre de "Marcos" se encendió en mi mente con letras de fuego como nombre maldito.
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